Tuesday, April 19, 2011

Olores que hipnotizan

Algunos días tomo el atajo subterráneo y cubierto para llegar al trabajo. Existen algunas condiciones para tomar esta decisión, algo así como un "Elige tu propia aventura" y son: cuando quiero comprar un café del Dunkin, cuando necesito depositar un cheque, comprar flores (muy rara la ocasión) o cuando está lloviendo/nevando. Pero uno de los beneficios de tomar esta ruta es saborear el olor que emana del Pret A Manger, especialmente por las mañanas. No soy la mejor persona para describir ese olor pero haré mi mejor esfuerzo. Huele a pan recién horneado, pero no cualquier pan, es como dulzón, con levadura, fresco, potente. Es un olor a pan que difiere del de las panaderías mexicanas; más denso, más penetrante, y me hace salivar. Y muy a pesar de esto, jamás he comprado un pan mañanero en este lugar.
Un olor te puede atrapar, se puede quedar grabado en la mente (o archivado en el subconsciente) por años. Por eso no es de extrañarse que la industria de los perfumes sea extremadamente lucrativa y que cualquier hijo de vecino quiera sacar su propia fragancia.
Todavía me acuerdo de mi primer perfume. La marca se las debo, pero era una botellita ovalo-cuadrada, de unos 7 cm de altura con una tapa plástica con flores en colores pastel. A mí me olía como a manantiales y jardines colgantes, cada atomización era como forrarme de un millón de dólares. Como me sentía tan especial, sólo lo utilizaba en contadas ocasiones. ¿Qué ocasiones especiales tiene una niña de 10 años? Pues fiestas, cenas, Navidades, cumpleaños. Con el tiempo el perfume, que nunca me logré terminar, se fue arranciando. Perdió su encanto y fui descubriendo nuevas fragancias.
Alguna vez un novio me regaló un perfume horrendo. Me acuerdo de la marca y el nombre pero lo omitiré. Sé que su mamá se lo ponía y creo que eso debió causarme más terror que la fragancia en sí. Cada vez que me lo ponía, mi cabeza comenzaba a llenarse de un vapor nauseabundo. Nunca lo pude conquistar. Mi hermana también tenía una colección extensa de fragancias que me gustaba investigar de vez en cuando. Me causaba terror una de Perry Ellis, la llamábamos "Perro Ellis" porque era asquerosa. Lulú era muy dulce y Dune era muy de señora, aunque no me parecía desagradable. Recuerdo su obsesión por la asexuada CK1 y luego por Happy de Clinique que para mí será siempre la fragancia que me recuerde a ella.
Hoy tengo mi olfato entrenado y me he decidido por mi perfume favorito aunque no descarto la posibilidad de utilizar otros (lo hago todo el tiempo). Incluso tengo esta manía por rociarme un perfume fresco por las noches antes de dormir, hecho que JP encuentra increíblemente EXTRAÑO e incongruente. Dormir no entra en la categoría de "ocasión especial" pero eso, me importa un cacahuate.

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